A pesar de que coincido con sus detractores al reconocer que es un espectáculo sangriento, he de confesar, no sin un poco de vergüenza, que me gustan las corridas de toros. Dicen que, al igual que con la Ópera, con la fiesta taurina se tiene o un amor a primera vista o un rechazo total. Pues a mí me sedujo, ya hace mucho tiempo, no sólo por la emoción de ver al matador retando con arte a un animal tan imponente como un toro de lidia que puede llegar a pesar más de media tonelada, sino también por toda la fiesta que se vive en la plaza antes, durante y después de cada corrida.
Obviamente no soy una experta en el tema ni mucho menos. Pero desde aquella primera vez que fui a Acho (la plaza más antigua de América), en compañía de un grupo de amigos españoles, siempre traté de ir cada año aunque sea a ver una de las corridas de la tradicional Feria del Señor de los Milagros. En Lima ir a los toros resulta caro y éste último año tal vez no hubiera ido por ahorrarme unos soles, pero cuando supe que el programa incluía una tarde de rejoneo no dudé en comprar la entrada. Valió la pena. El toreo a caballo es un espectáculo digno de verse porque, a mi modo de ver, esa combinación del mundo del caballo con el del toro es contundente. Incluso me atrevería a decir (y disculpen mi desfachatez) que gracias a la elegancia y belleza de los caballos, y la habilidad de los jinetes, lo sangriento de la matanza queda en un segundo plano.
Recuerdo que aquella tarde de noviembre los caballeros mostraron lo mejor de su arte y el espectáculo taurino estuvo muy bien servido. Antes habíamos almorzado, Elsita, Susan, la Naty y yo en La Ñ, para ir entonando con una fideuá y un buen vino español que antes de una corrida es lo que se impone. Al llegar a Acho seguimos disfrutando con el ambiente que nunca decepciona y finalizamos la tarde con un peruanísimo Aguaymanto Sour, cóctel típico del T’anta, uno de los restaurantes de Gastón Acurio. Y es que la fiesta brava en Perú es una mixtura entre lo español y lo peruano.
Aquí en España nunca había tenido la oportunidad de ir a una corrida hasta el pasado domingo. Con motivo de las fiestas de la ciudad se está realizando una feria y el programa incluía ¡oh maravilla! una tarde de rejoneo.
A Ángel no le gustan los toros pero sí los caballos así que no fue difícil convencerlo. Nos unimos al grupo de uno de sus primos para ir juntos a la plaza de toros de Zamora. La experiencia resultó de lo más gratificante, más que por el espectáculo en sí mismo que los he visto mejores, por la manera que aquí se tiene de disfrutar de la fiesta.
A diferencia que en Lima aquí todos acuden a la plaza provistos de una buena merienda. Teniendo en cuenta que el grupo en el que íbamos era como de 20 personas, llevamos varias neveras (coolers para los peruanos que somos tan anglófilos) provistas de variedad de cervezas, embutidos, tortillas de patatas, empanadas rellenas de atún y de carne, además de las infaltables pipas (semillas de girasol) y botas de vino. Yo alucinaba! Valgan verdades más nos dedicamos a comer y a tomar que a ver las corridas. El ambiente obviamente fantástico. Seguro que a Elsita, Susan y Naty les hubiera encantado.
Cuando por la noche se lo conté a mi mamá por teléfono me dijo que ella recordaba que cuando era pequeña y vivía aún en Tarma, también se usaba el llevar comida (desde butifarras hasta alfajores) a ver las corridas.
Hoy en día en Acho ya no es así. Otra diferencia que puedo destacar es que al ser esta plaza zamorana más pequeña permite una mayor interacción entre el público y los toreros.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es que para mí, acostumbrada al público respetuoso de Acho, que guarda silencio total cuando el diestro va a matar, para no distraer al toro, me pareció que tanto grito era una falta de respeto.
Eché en falta eso sí las marineras (¡que bien acompaña nuestro baile a la fiesta taurina!) además de ese ambiente festivo con los tablaos flamencos y las peñas criollas que se forman en Acho tras las corridas.
Una tarde anecdótica donde, para variar, la comida se convirtió en el centro de atención y es que ni los toros ni los caballos pueden con un buen trozo de chorizo… y si es casero mejor.

am/fotos:ars